martes, agosto 01, 2006

La Montaña Mágica.

El nombre de este Blog ha sido elegido en función del primer tema que he decidido tratar. Que además pueda indicar algo acerca de su contenido y significado último es algo en lo que acabo de caer ahora mismo.

Ayer terminé de leer por segunda vez -la primera fue hace ocho años- la novela de Thomas Mann, esta vez en la supuestamente mejor traducción que conmemora el 50 aniversario de la muerte de su autor. Digo "supuestamente" porque aparte de incluir algunos fragmentos que, sin saber muy bien por qué, se hallaban ausentes de la traducción de los años treinta, el texto sigue lleno de erratas, errores gramaticales y, además, ahora con un montón de giros contemporáneos de lo más tonto y de lo más inapropiado para este libro, que es algo así como el último libro de la Edad Moderna.
Lei este libro por primera vez en las largas noches de una infecta hhabitación de dos camas mientras hacía guardia durante el largo postoperatorio de mi suegro. Él sobrevivió milagrosamente a aquel hospital tercermundista lleno de bacterias y tan sucio como cualquier bar jamonero, pero murio algunos años más tarde. Elegir precisamente aquel título fue cosa del azar. Su conveniencia para aquellas circunstancias fue obra del destino. Viene bien para soportar las cosas malas de la vida leer esas mismas cosas malas en una novela. La distancia emocional de la novela nos permite vernos "desde fuera" y mediante ese truco se soportan mejor las penalidades. También es cierto que siempre la realidad es infinitamente más zafia, cutre y humillante que la ficción, por mucho que ésta pretenda llegar a lo más bajo -como ocurre con Céline. Sirvan como ejemplo estas imágenes. Una es el matadero indigno en el que lei la novela y otra un posible modelo del hermoso sanatorio Berghof:












Esta segunda lectura ha resultado bastante más agradable, aunque también se ha producido en circuntancias externa pero también íntimamenteaun más relacionadas con el ambiente de la historia de Hans Castorp. Durante el mes de Julio he estado de baja por un empeortamiento pasajero -y, por lo visto, cíclico- de una enfermedad crónica que, en la época de mi primera lectura aun no sufría. El tiempo libre de que he dispuesto nos decidió a mi mujer y a mí a leer y a comentar juntos esas 1.000 páginas que tan bien representan el concepto de tiempo que pretendfe exponer Mann, pues son ciertamente muchas páginas pero también se hacen milagrosamente cortas.
Tan cortas que uno necesita más y desearía que hubiese habido una segunda parte o algo por el estilo, una Montaña Mágica de entreguerras. Pero, claro, una montaña posterior a la era espantosa que se abría en 1914 ya no sería mágica en absoluto. Sería una prosaica llanura, como el fétido hospital y su absurda y desolada palmera. Vaya... ahora que lo pienso, sería una "Tierra Baldía".
Así que busqué en eMule y encontré una película del 82 titulada Der Zauberberg. La bajé y, en efecto, pretendía contar con imágenes la misma historia que la novela. Como siempre ocurre, el director se cree superior al escritor y "adapta" a su antojo lo que éste ha dejado escrito. Que la película esté en alemán y que yo apenas entienda nada de ese idioma creo que la ha salvado de mayores críticas por mi parte.
Como todo tiene sus cosas buenas, diré que me pareció bien la caracterización física de Castorp -que tiene exactamente la cara de burguesito pacífico, relamido e insignificante que uno se imaginaría, aunque el director le obliga a actuar de una manera exaltada, histriónica e irascible nada acorde con el personaje real. También es apropiada la de Settembrini. Y aunque no se parece en nada, la verdad es que resulta gracioso ver a Charles Aznavour interpretando unos segundos al siniestro y sugestivo jesuíta Naphta. Los vestuarios y la recosntrucción del Berghof también son excelentes. Pero ya en este cartel de la película que tenemos a la izquierda podemos comprobar cómo Mynheer Peeperkorn no se parece gran cosa al "gigante holandés" del libro. En primer lugar, el actor no es en absoluto gigante -le llega a Castorp por el hombro-, en segundo lugar no llevaba esa estúpida gorra de viejo lobo de mar, y en tercer lugar, en la película, Peeperkorn se comporta como un viejo chabacano y digno de ascopena -y el tipo de ridiculez del Peeperkorn de Thomas Mann era ininitamente más graciosa y menos repulsiva.
Hay una escena de la película en la que Settembrini discute apasionadamente con Castorp en el salón del Berghof -menos mal que no entiendo el alemán, porque no quiero ni imaginar qué clase de "adaptación" habrá sufrido el contenido filosófico de estas disputas para adaptarla al lenguaje cinematográfico que, visto lo visto, es algo así como el lenguaje de los niños preescolares. Al guionista se le debió ocurrir que una Clavdia Chauchat transformada en señora Stöhr invitase con una "fina ironía" -adviértase la fina ironía de mis comillas- a las damas y caballeros del salón a presenciar el debate, sentándolos en sillas ordenadas en filas, para luego, como una maestrilla de pueblo, incitar a aplaudirles. ¡Qué estupidez de escena! ¡Qué bobada!¡Qué falta de gusto! ¿Qué comen los directores de cine para tener ese cerebro tan corrompido?
Como último ejemplo de falta de respeto a la obra, me referiré a esta actriz elegida para representar a la Chauchat. Vamos a ver ¿en qué se parece esta señora de aspecto cuasilatino -la que aparece en la carátula al lado de Chanquete- a la joven loba esteparia kirguisa con epicanto que tan nítida y repetidamente describe Mann? He sacado de una página de esas para adultos la imagen de una ignota chica rusa que, por muy mala actriz que resultase ser, sin duda representaría mucho mejor este personaje. Así me imagino yo a Clavdia Chauchat. -nótese que he elegido la única foto "decente" que he encontrado de esta chica.

Si yo fuera director de cine, intentaría respetar fielmente una obra que se merece respeto como Zauberberg. Ello implicaría que no sería comercial -oh, Dios mío-, que duraría una infinidad de tiempo y que los actores no serían de esos manidos famosos sino, quizá, alguna simpática chica rusa.

Aquí concluyo este primer apunte en mi blog. Como es perfectamente prescindible, enfermizo y fuera del mundo, como flota en ese espacio de casi anonimato en el que muchas cosas son permisibles, como me hace perder tiempo para las necesarias y prácticas cosas de "allá abajo" tal vez al final esté bien elegido su nombre.

1 Comments:

Blogger Fredy Jiménez said...

Vaya! He leido tus escritos y me han impactado. La misma impresión tuve con la película de la Montaña Mágica; ClaWdia Chauchat no se parece nada, esta bien la foto que publicas, pero yo la imagino un poco mayor.

7:45 p. m.  

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